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Discurso de Diana Malamud

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A 22 años del atentado a la AMIA, nos falta verdad, nos falta justicia.

Desde el inicio del juicio por encubrimiento, hace ya casi un año,  diversos testigos de la ex Secretaría de Inteligencia y de los múltiples departamentos y unidades de investigación de la Policía Federal Argentina desfilan por la Sala AMIA de Comodoro Py.

Así, semana a semana nos enfrentamos azorados a los niveles de ineptitud, reticencia, desidia y falta de integridad, en quienes los gobiernos depositan la seguridad de los ciudadanos.

Sorpresivamente todos ellos y los funcionarios judiciales que en algún momento trabajaron en la investigación sufren de una paradojal amnesia, viven en otro país: en el país del no me acuerdo.

A 22 años del atentado a la AMIA, nos falta verdad, nos falta justicia.

De la dirigencia comunitaria judía se escucha poco y nada.

Tal vez los temas Memorandum y Nisman dejaron de serles políticamente útiles, y como el esclarecimiento de la causa nunca les pareció conveniente, los esfuerzos parecen estar puestos en salvar al único, entre tantos, que quedó en el club de los encubridores. No vayan a creer que la imputación y juicio a su ex presidente Rubén Beraja llevó a la DAIA a hacer una autocrítica, todo lo contrario: hemos visto a muchos del DAIA TEAM y ex presidentes de la institución pasar por la sala de audiencias en apoyo a Beraja, como un patético grupo de fanáticos apoyando a su equipo favorito en la final de un campeonato

Todo este accionar es congruente con el bochornoso y sucio silencio de la semana pasada  por parte de la dirigencia comunitaria judía, ante la repudiable invitación y presencia de un grupo de jóvenes neonazis en la casa rosada.

Parecería  que les siguen cantando: todos calladitos/ como la lechuza/ que hace shhhhh.

A 22 años del atentado a la AMIA, nos falta verdad, nos falta justicia.

Al poco tiempo de asumir, el gobierno de Macri elevó a rango de Secretaría la Unidad del Ministerio de Justicia a cargo de la investigación de la causa AMIA. Reconocemos el trabajo que está llevando adelante el equipo que representa a esta querella en el juicio.

Sin embargo, respecto de la causa principal AMIA, sólo ha habido dos propuestas decepcionantes por parte de la nueva Secretaría a cargo de Mario Cimadevilla.  La primera consiste en promover un juicio en ausencia contra los iraníes acusados por el atentado.  Dejando de lado los argumentos jurídicos, nos lleva a preguntarnos: ¿A eso llaman justicia? ¿Es éste el camino que nos va a llevar a la verdad? ¿O es una cortina de humo para cerrar definitivamente la causa AMIA sin un solo preso? Y encima el mismo Cimadevilla nos hizo saber que de todos modos consideran que las pruebas contra los iraníes acusados pueden no ser suficientes para condenarlos. Entonces: ¿cuál es el objetivo de todo este circo?

Sorprendentemente, la segunda de las ideas es retomar, nada más y nada menos, aquella pista que responsabilizaba a los policías bonaerenses por la conexión local. La misma pista que, parecería habérseles olvidado, fue descartada el año 2004 por el Tribunal Oral Federal Nº 3 y denunciada como un armado para encubrir el mayor atentado del país.

Así, la nueva Secretaría AMIA más que trabajar por justicia, parece estar jugando a “María la paz, tres pasos pa’ tras”.

A 22 años del atentado a la AMIA, nos falta verdad, nos falta justicia.

De los compromisos asumidos por el Estado Argentino ante la CIDH de la OEA, a través del Decreto 812 del 2005, hasta el momento no hemos tenido avances significativos. De hecho el único cambio que ha habido con el nuevo gobierno es un retroceso, retroceso que ellos mismos reconocen.

Recién en el año 2015 se había conseguido modificar la legislación que le permitía a la Agencia Federal de Inteligencia –AFI- el uso indiscriminado y secreto de sus fondos reservados a través del Decreto 1311/15 que fue derogado en mayo de este año, por el decreto 656.

Si bien hemos solicitado explicaciones al Jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña, aún no hemos recibido ninguna satisfactoria. Aún no sabemos si se sancionó un nuevo régimen de fondos, ni qué procedimientos administrativos remplazaron a los anteriores, ni cuáles serán las políticas para transparentar las actividades de inteligencia, ni cómo se cumplirá con el decreto 812/05.

¿Quién se hace cargo de esto? ¿Alguien acaso leyó el decreto 812 al que el Ministro Garavano se comprometió a cumplir? ¿Por qué los archivos secretos de inteligencia siguen en poder de la AFI?

La semana pasada , luego de que el Estado argentino presentara su informe al Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, dicho organismo difundió sus observaciones finales subrayando que “El Estado parte debe intensificar sus esfuerzos para investigar lo ocurrido en el ataque en 1994 al edificio de la AMIA, con el fin de que los responsables sean llevael shofar memoria activados ante la justicia” y “tomar las medidas necesarias para que la investigación se lleve a cabo de una manera rápida, efectiva, independiente, imparcial y transparente”.

Sin embargo, una vez más, tanto desde el poder político como del judicial  juegan el conocido juego que no conduce a nada: “al gran bonete se le ha perdido un firulete”.

A 22 años del atentado a la AMIA, nos falta verdad, nos falta justicia.

Un juicio oral sin prensa ni visibilidad, escondido y olvidado en un subsuelo de Comodoro Py, jueves a jueves nos demuestra que nunca se pierde la capacidad de asombro, que siempre todo puede ser peor.

En este don pirulero, donde cada uno atiende su juego, el nuestro es y será exigir lo que nos adeudan: verdad y justicia. Y si se trató de jugar con nuestros muertos, a los señores Menem, Anzorreguy, Galeano, Mullen, Barbaccia, Palacios, Beraja, les decimos que en este juicio no va a haber hada madrina que los salve. Pese a los silencios y las amnesias día a día va quedando más claro el accionar delictivo de esta asociación ilícita.

Nunca nada nos fue fácil, desde hace 22 años tenemos ante nosotros al enemigo más poderoso: el poder y su impunidad.

La causa AMIA atravesó y atraviesa ttaty almeida memoria activa amia odas las instancias del Estado, todas las fuerzas de seguridad, todos los gobiernos. La mentira, la soberbia, la crueldad, la perversión y el silencio cómplice siguen rondando las miles de fojas de un expediente vacío.

Pero seguimos acá y vamos a seguir estando, en esta plaza, en nuestra plaza. A 22 años de sus asesinatos, a 22 años de una de las mayores vergüenzas, complicidades y encubrimientos que ha vivido nuestro país, este país del que yo sí me acuerdo.

 

Foto Sur – ph: Sol Vazquez