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Audiencia Nº51 – 8/9/2016

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Luego de numerosas audiencias en las que hemos escuchado y visto desfilar a ex empleados del Juzgado Federal 9 y de la Fiscalía, en esta jornada del juicio por encubrimiento, Agustín Gamboa, ex prosecretario del destituido juez Juan José Galeano, confirmó lo que ya anticipábamos: la amnesia es generalizada.

En este caso, además, no solamente que el ya popular “no lo recuerdo” se hizo presente en cada pregunta que parecía incomodar al testigo, sino que éste, en algunas ocasiones, hasta justificó aquello que aquí se investiga como irregular.

Las afirmaciones de Agustín Gamboa resultan aún más graves si tenemos en cuenta que, en la actualidad, el abogado se desempeña como secretario general de Política Criminal y Planificación Estratégica del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires.

“Era una metodología de trabajo”

En su declaración, el funcionario público Gamboa, quien trabajó en la causa AMIA desde 1995 hasta 2004, confirmó la existencia de cámaras ocultas en las oficinas de los secretarios Javier De Gamas, Carlos Velasco y Susana Spina, y justificó el uso de los videos: “Era una metodología de trabajo. Se filmaban declaraciones o entrevistas informales para analizarlas después”.

Las grabaciones, afirmó, eran en total “aproximadamente unas 15” y se guardaban en la caja fuerte del juzgado, de donde fue sustraído uno de los videos, aquel que se hizo público a través de los medios de comunicación y mostraba la negociación de un pago entre Galeano y Carlos Telleldín.

Según relató Gamboa, tras el robo de ese video, Galeano les ordenó a Velasco y a él destruir el resto de las cintas por lo que ambos lo hicieron en la casa del ex secretario. “Las destruimos, cortamos, quemamos y tiramos a la basura”, contó con absoluta tranquilidad, como si fuera un procedimiento habitual.

“Era como estar rompiendo papeles. Por eso no me llamó la atención”, aclaró el funcionario ante preguntas de los abogados.

Años después, explicó el testigo, esa “metodología” de grabar en secreto a imputados y testigos, se dejó de aplicar y las cámaras fueron removidas. “Pero no fue por ningún hecho en particular”, se anticipó a aclarar. Sin embargo, no pasaron a ninguna otra “metodología” mejor o más moderna sino que continuaron con las ya habituales actas.

La pista siria

Desde el comienzo de su testimonio, Agustín Gamboa se ocupó de explicar que su trabajo consistió exclusivamente en la investigación de las pistas internacionales.

Sin embargo, su relato fue confuso en especial respecto a las fechas en las cuales se pidieron pruebas sobre la llamada “pista siria”, cuya interrupción se debe probar en este juicio.

“Tomamos cientos de declaraciones sobre esa pista. También había aparecido una agenda de Kanoore Edul que contenía el teléfono de Monsen Rabbani (ex agregado cultural de la embajada de Irán)”, recordó. Claro que cuando le pidieron precisiones -dado que aquí se investiga la interrupción de esa pista, que se retomó levemente años más tarde- el testigo no lo recordó: “Ay, me matas con el año”.

A su vez, se le preguntó por los allanamientos a los domicilios de la familia Kanoore Edul (investigada por el atentado) que se dieron de forma por lo menos irregular, pero no recordó que algo le llamara la atención. Si bien ocurrieron previo a la llegada de Gamboa al juzgado, forman parte importante de la línea investigativa, de modo que resulta extraño que el entonces prosecretario no haya vuelto sobre esas circunstancias.

Por último, antes de finalizar la audiencia la abogada que defiende a Rubén Beraja anunció al Tribunal que el ex presidente de la DAIA desea ampliar su declaración indagatoria.

La lentitud

A más de un año de juicio oral, en 51 audiencias han pasado tan sólo 6o testigos aproximadamente. Es decir, casi un tercio del total de testimonios pedidos. De continuar con este ritmo, con uno o dos testigos por jornada y cancelando audiencias (como es el caso de la próxima semana), recién como mínimo en un año y medio llegaría la instancia final. Son 22 años de esperar por verdad y justicia. No lo demoremos más.