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Audiencia N°52 – 22/9/2016

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El periodista Rolando Graña, una ex directora de la editorial Sudamericana y Jorge Damonte, compañero de celda de Carlos Telleldín, se presentaron a declarar como testigos en esta audiencia 52 del juicio por encubrimiento del atentado a la AMIA.

El primero, Rolando Graña, declaró durante más de una hora especialmente sobre su relación con el entonces prosecretario del Juzgado Federal 9, Claudio Lifschitz, quien denunció las irregularidades que se estaban cometiendo en la causa. “Era la primera vez que desde adentro del juzgado alguien traía pruebas”, afirmó el periodista.

“Mi productor me lo presentó. Al principio no le creí todo. Hablé con él durante seis meses hasta que difundimos la información por televisión”, contó Graña y agregó “Irónicamente ese programa midió mal”.

Según el periodista, de los datos y las hipótesis que manejaba el entonces prosecretario se desprendía que “la investigación de la nada terminaba en los policías bonaerenses”, por lo que entendía que las irregularidades efectivamente se estaban cometiendo. Como ejemplo de esto, mencionó el “claro trato especial” que recibió el empresario allegado a la familia Menem, Alberto Kanoore Edul y el llamado que, según Lifschitz, hizo Munir Menem al ex juez Juan José Galeano para impedir que se investigue esa pista.

La advertencia

Entre sus fuentes, además de Lifschitz que era la principal, Graña dijo que contaba con los abogados de las querellas y que se reunía con los funcionarios al frente de la investigación, a muchos de los cuales conocía de otras causas.

Por cercanía particular al ex fiscal Eamon Mullen, Graña contó que fue a “tomar mate” a su casa previo a difundir el programa de televisión con denuncias de irregularidades. “Le dije que se despegara de Galeano o iba a terminar procesado. Y no me equivoqué”, recordó Graña, quien agregó que la respuesta de Mullen fue que Lifschitz era un “boludo”. Esa conversación es relevante porque demuestra la conciencia que el ex fiscal Mullen tenía de lo que estaba ocurriendo.

La caja

Según contó el periodista, tras hacer públicas sus denuncias, Lifschitz decidió irse del país a raíz de las amenazas que recibía. “Tenía miedo y antes de irse me dejó una caja con documentación. Me dijo que eran la garantía de su vida”.

Además de fotocopias de la causa y de la agenda de Kanoore Edul, entre esas pruebas había un casete con escuchas en farsi que, al parecer, pertenecían a células dormidas iraníes. “Esa cinta se la entregué a Nisman en el 2003 aproximadamente pero nunca fue incorporada a la causa”, afirmó con seguridad. La información, según dijo, la obtuvo de una fuente que no quiso revelar.

La prueba del pago

Durante el juicio oral por el atentado que se llevaba a cabo ante el TOF 3, el periodista difundió como primicia una escucha telefónica que probaba que la SIDE le había realizado un pago a Ana Boragni, pareja de Telleldín. “Esa grabación fue pedida por orden judicial. Pero no estaba en la causa. Alguien la había filtrado”, concluyó.

“Era fuerte. Esa escucha demostraba que había plata para que la investigación se desviara hacia los policías”, expresó Graña. Con esto, añadió, la versión del libro de la que hablaban Galeano y Telleldín en el video difundido por los medios, se caía. “La teoría del libro era para reirnos. Todos sabemos que nunca se pagan 400.000 dólares de anticipado. Era la tapadera de otra cosa”.

En esa escucha, explicó didáctico, aparecía el agente de inteligencia Isaac Eduardo García, quien -tras el levantamiento de la obligación de guardar secreto- declaró en el juicio oral y ratificó el pago. “Mucho tiempo después hablé con Isaac García y también me contó que él era el chofer de Monsen Rabbani. De hecho, se jactaba de haberle tomado la foto buscando la Trafic”, expresó al tiempo que agregó algo de color: “García decía que lo llevaba a Rabbani muy seguido a un prostíbulo que pertenecía a Raúl Martins. Ahí había un bartender iraní a quien le pedían  traducciones de las escuchas en farsi”.

“La cifra era una locura”

Siguiendo con el tema del pago y el libro que Telleldín quería escribir, el testimonio de la ex directora editorial de Sudamericana, Gloria López Llobet, se tornó relevante.

Si bien no estuvo en la sala más de 20 minutos, la testigo afirmó que efectivamente el periodista Román Lejtman le había propuesto un libro sobre el atentado y que luego Carlos Telleldín, a través de su abogado Víctor Stinfale, le exigió “una cifra que era una locura” por el libro. Esa fue la razón, según contó, por la cual esa propuesta nunca llegó a concretarse.

En función de su experiencia, además, opinó que 400.000 dólares por un libro era un monto “fuera de toda lógica para la época” y que es poco habitual que se pague por adelantado más de un 20% del total. Esto es una prueba más de que el libro al que Galeano hace referencia en la charla informal con Telleldín y la supuesta conexión con el posterior pago al imputado, no resulta creíble.

Sospechoso compañero de celda

Por último declaró el ahora sí abogado Jorge Daniel Damonte, quien compartió cinco meses de detención con Carlos Telleldín en el pabellón 49 de la cárcel de Devoto.

“Telleldín estaba solo en una celda y en un momento me pasaron con él. Ahí surgió la conversación sobre su vida y él toma la iniciativa de escribir esos relatos”, contó Damonte, quien fue el encargado de escribir en un manuscrito lo que el doblador de autos decía. “Yo le daba forma”, afirmó.

Causalidad o no tanto, previo a ser detenido por falsificación de documentos, Damonte había trabajado como fiscal, haciéndose pasar por abogado, junto a José Barbaccia en la fiscalía en la que luego cayó la causa AMIA. Además, la instrucción de la causa en la que estaba imputado la llevaba el destituido juez Galeano. “Cuando me juntaba con Galeano, me preguntaba sobre las condiciones de detención pero nunca le conté sobre el manuscrito de Telleldín”, afirmó.