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Audiencia N°80 – 20/3/2017

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El ex prosecretario del Juzgado Federal 9, Claudio Adrián Lifschitz, declaró como testigo en el juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA y denunció, como ya lo hizo en varias ocasiones, varias de las irregularidades cometidas durante la investigación tanto por el ex juez Juan José Galeano, los secretarios, personal de la SIDE y del gobierno nacional.

 

Lifschitz ingresó al juzgado de Galeano en 1995 como prosecretario, recomendado por uno de sus jefes en la división de Inteligencia de la Policía Federal, el entonces subcomisario Jorge “Fino” Palacios, cercano al exjuez. “Galeano desconfiaba de otros organismos de investigación y quería chequear ciertos datos”, dijo Lifschitz sobre su labor previa a ingresar a trabajar formalmente como funcionario judicial.

 

Las primeras irregularidades

Recién ingresado al juzgado, Lifschitz se ocupó de revisar la causa desde el cuerpo uno y sobre ello, según contó, elaboró un informe que le entregó al juez: “Ahí advierto falencias investigativas que luego comprobé no eran por ineptitud sino adrede por la SIDE y el POC (división Protección al Orden Constitucional de la PFA)”.

 

Según contó Lifschitz, algunas de esas irregularidades eran:

  • Intervenciones telefónicas: “Había una gran cantidad de teléfonos intervenidos que nadie investigaba o le prestaba atención. Por ejemplo, a Telleldín lo escuchaban por escuchar. En la transcripción aparecía una voz de ‘NN con acento extranjero’, que al escucharlo me di cuenta que era el cordobés (Hugo Perez). Cero investigación”.
  • Abandono de la “pista siria”: “Los teléfonos de Kanoore Edul se habían dado de baja. Pregunté por las agendas y encontré que figuraban diez talleres mecánicos y el teléfono de Mohsen Rabbani , quien era sospechado por el atentado.  Me llamó la atención que esto no hubiera sido advertido por el sector 85 de la SIDE a cargo de Stiuso, encargado de revisarlo”. Esto provocó, dijo Lifschitz, que Marta y  Gabriela de la SIDE se reunieran con el ex juez Galeano.
  • Reuniones en el POC: “Se mantenían reuniones semanales en el POC, donde estaban presentes también los fiscales. No había ningún tipo de análisis, parecía que nos tomaban el pelo. Advertí que la información que yo le daba a Galeano era para que él tuviera poder sobre los demás y no para enriquecer el expediente”.
  • Legajos ocultos: “La causa se dividía en legajos para ocultar muchas cosas de las partes. Así era imposible que tuvieran acceso a todo.
  • Diferencias entre querellas: “Había partes que tenían acceso, como la DAIA y otras que no. Teníamos orden de no enseñarle los legajos a León Smoliansky (abogado de Memoria Activa)”. “Los abogados de AMIA y DAIA venían y sacaban fotocopias del expediente. El trato con Beraja y Dobniewski excedía lo normal. La DAIA había estado presente en una reunión en la SIDE y venían al juzgado tarde a tomar whisky con Galeano y agentes de la SIDE en reuniones informales”.

 

Cámaras ocultas

Además de lo declarado por otros testigos respecto a la presencia de cámaras ocultas en el despacho de los secretarios Javier De Gamas y Carlos Velasco, Lifschitz afirmó que también se encontraban en la oficina de la secretaria Susana Spina y del fiscal Guillermo Montenegro, quien sin tener nada que ver con la causa, había permitido la instalación de cámaras a pedido de Eamon Mullen y José Barbaccia. “En la fiscalía pusieron una vez una cámara, que no era fija, para filmar algún testigo”, recordó.

 

Las cámaras -explicó Lifschitz- se usaban para grabar declaraciones testimoniales, indagatorias y entrevistas informales. Los casetes se guardaban en la caja fuerte de los secretarios y lo producido se le mostraba a involucrados en la causa para coaccionarlos. “A muchos, como a Semorile (allegado a Telleldín), se les mostraba la grabación para apretarlos y que declaren contra Ribelli”, recordó y agregó que “El video donde Telleldín señala las fotos de los policías, Galeano se lo mostró a Beraja para pedirle los fondos que, como no se los dio, se los pidió a la SIDE”.

 

Nuevamente en línea con otros testimonios de empleados del juzgado, Lifschitz afirmó que la gran cantidad de filmaciones (se hacían siempre dos) se quemaron tras el robo del video que se hizo público. Esa sustracción, según el testigo, no existió sino que Galeano olvidó ese casete en la SIDE y nunca logró recuperarlo.

 

La causa contra los policías

La investigación acerca de la participación de los policías bonaerenses, con el ex comisario Juan José Ribelli a la cabeza, en la compra de la Trafic comenzó, según explicó Lifschitz con un papel que le acercó Galeano a él y a su compañera de trabajo Ana Sverdlik: “Ahí Telleldín juntaba a las dos brigadas de Lanús y Vicente López que no estaban vinculadas pero lo habían extorsionado y decía que les había dado la camioneta”.

 

Temporalmente el testigo ubicó este hecho luego de la reunión que el doblador de autos mantuvo con la camarista María Luisa Riva Aramayo. Y esta pista, afirmó, se investigó fuertemente tras un encuentro de Galeano con Carlos Corach (entonces Ministro del Interior): “Después de eso Galeano nos reúne y dice que en tres meses tienen que estar todos detenidos (los policías) o todo cerrado. Como que le habían dado el aval para seguir esta pista”.

 

En el marco de esa investigación, Lifschitz tomó declaraciones indagatorias y testimoniales y, según dijo, los secretarios -por orden del ex juez- omitían en actas aquello que no encajaba con la versión que inculpaba a los agentes de la Bonaerense. “Se probó que los teléfonos a nombre de Ribelli habían estado diez días antes cerca de la casa de Telleldín. Pero cuando llegó más información, el dato dejó de ser relevante: también se los ubicaba en esa zona tres meses antes y tres después del atentado. Pero Spina habló con el juez y puso en el procesamiento que habían estado sólo en la fecha de la entrega de la camioneta”, explicó.

 

Sobre ese episodio, el testigo recordó que se logró determinar que un suboficial de Ribelli de nombre Nicolau, había estado en la zona del doblador de autos y que, sin embargo,  se le tomó declaración testimonial: “Lo presionaron para que declarar lo que fuera contra Ribelli. Le mostraban el mapa y su celular en la casa de Telleldín”. “La causa AMIA arrastraba a todo el mundo. Así Galeano podía tener a quien quisiera”, explicó el ex prosecretario.

 

También mencionó que el secretario De Gamas omitió los dichos de un testigo que dijo haber visto a los policías cerca de la vivienda de Telleldín en abril y no en julio, como le servía a la investigación.

 

A medida que se investigaba en la causa brigadas, admitió Lifschitz, “surgía que los policías no tenían relación con el atentado y que era un saldo de cuentas de Telleldín con quienes lo extorsionaban. A pesar de ésto, el juez quiso seguir adelante con la investigación”.

 

El pago

Según se desprende de los dicho hoy por Lifschitz, el pago de 400.000 dólares con fondos reservados de la SIDE, fue de conocimiento de todo el personal del juzgado y la fiscalía. “La idea surge de Galeano porque Telleldín quería plata por un libro y el juez quería que hablara con él sobre los policías”, expresó y agregó que por parte de la Secretaría de Inteligencia fue Alejandro Brousson (ya fallecido) quien organizó el pago y se presentó ante la pareja de Telleldín, Ana Boragni, como el “comandante David”.

 

Lifschitz contó además que el grupo de testigos que presentó Telleldín para sustentar su declaración contra los bonaerenses “parecía todo armado”. Incluso “Telleldín pidió hablar con ellos antes de que declaren y en el video se ve bien cómo le señala a Galeano qué fotos les tenía que mostrar a los testigos y qué debía preguntarles. Le daba instrucciones para que todo saliera bien y declararan contra los policías”.

 

La declaración de Lifschitz continúa este jueves a las 10 en la sala AMIA de los Tribunales Federales de Comodoro Py.