MEMORIA ACTIVA


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Discurso de Guillermo P Roisinblit

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Cuando me invitaron a participar no lo dudé. Respeto profundamente la lucha que llevan adelante no solo por la legitimidad del pedido de justicia sino también porque me toca directamente, por mis raíces.

Cuando ocurrió el atentado yo contaba con tan solo 15 años y desconocía mi verdadera historia y origen. Independientemente de eso, puedo recordar claramente el horror y el miedo que sentí cuando vi en las noticias lo que había sucedido. No puedo quitar de mi mente la imagen de la gente saliendo de la montaña de escombros a la que quedó reducida la mutual.

Pasaron varios años y en el año 2000 conocí mi verdad: soy hijo de desaparecidos y soy descendiente de judíos.

Desde ese momento hasta hoy, y después de transitar por un duro proceso de construcción y asimilación de mi historia e identidad, he dado muchas charlas referidas a mi propia vivencia y a la lucha que llevan adelante las Abuelas de Plaza de Mayo. En cada charla siento que es necesario explicar que lo que sucedió durante la ultima dictadura no le pasó solo a los desaparecidos, a los sobrevivientes o a los familiares, nos pasó a todos como sociedad. Le pasó al país. De igual modo siento que es necesario remarcar que lo que pasó con la AMIA y con la embajada de Israel, no le pasó solo a la comunidad judía, nos pasó a todos, como Nación y como pueblo.

No es trillado intentar trazar un paralelismo entre ambas luchas por la memoria, la verdad y la justicia. Nuestras causas se originan cuando un determinado número de personas siente el poder de decidir sobre la vida de los demás y sobre su muerte. En ambas encontramos victimas fatales, sobrevivientes y familiares que sufren por la ausencia de los que ya no están. Ese dolor lo reconozco. Son 23 años de cumpleaños no festejados, de días del Padre o de la Madre o una simple reunión de domingo donde ese ser amado se echa de menos y dolor y la impotencia lo ocupan todo.

Los crímenes que sufrimos se dieron por la complicidad de varios sectores: hace 41 años por una parte de la sociedad civil, los militares y la iglesia. Hace 23 años por la dirigencia política y autoridades judiciales.

Nuestras luchas también se hermanan en la impunidad que tienen los victimarios. Décadas de negligencia del poder judicial que no solo nos lastiman, sino que se traducen en una falta de respeto también a la memoria de las victimas. Esa falta de inercia hace que los responsables caminen aun en libertad y entre nosotros mientras que nuestros muertos -eternamente inmóviles- solo están en fotos añejas y desgastadas.
A pesar de la lucha por mantener viva la memoria, nos encontramos con que la justicia nunca llega. En lo particular debo admitir que después de 39 años pudimos llevar a juicio a solo tres de los responsables de la desaparición de mis padres. Solo tres de los tantos que tuvieron vinculación directa o indirecta con el destino que nos tocó vivir como familia. Esto me lleva a preguntarme si en realidad nuestra justicia es o no justa. Y también si algún día podremos saber verdaderamente que fue lo que pasó.

Pero a pesar del dolor, de la desidia del Poder Judicial, de las eternas demoras, del encubrimiento, de la complicidad y de los pactos de silencio seguimos acá, empecinados en saber la verdad y en obtener un poco de justicia.

Cuando por primera vez pude asistir a una de las marchas del 24 de marzo, busqué las fotos de mis padres en la inmensa bandera. Tuve que decidir junto a cual de ellas permanecer y marchar. Me sujeté a la de mi padre. Con cada cuadra que caminaba la cantidad de personas que llevaban la bandera aumentaba hasta el punto en que ya no cabía ni siquiera yo al lado de la imagen de papá. Me molesté y hasta reconozco que di algunos codazos y empujones para seguir aferrado a él, hasta que mi esposa me pidió que lo suelte. En ese instante comprendí que mis padres ya no eran solo míos a pesar que el dolor por su falta me duele más a mi que al resto. Comprendí que no estaba solo en el reclamo de justicia, que esa marea de personas reclamaba y pedía también en contra de la impunidad.

De esta forma quiero recordarles que no están solos. Que la opinión pública no es la opinión publicada en los diarios y que son muchos más los que apoyan el reclamo de justicia que los que intentan darle un final maquillado reescribiendo lo que realmente pasó.

Hoy vengo a acompañar su lucha, a pedir lo mismo que ustedes. Reclamo que el Poder Judicial cumpla con su rol. Preciso saber quienes fueron los que decidieron sobre la vida de 85 personas y que los jueces les apliquen el castigo que corresponde. Exijo que los responsables locales dejen de caminar alegremente entre nosotros gozando de una impunidad escandalosa y quiero que deje de avergonzarme cada uno de los 23 años que lleva demorada la verdad, porque tanto los desaparecidos, los sobrevivientes, los familiares, los 85 asesinados, los heridos,  sus familiares y amigos… en fin: toda la sociedad en su conjunto, TENEMOS DERECHO A LA JUSTICIA.