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Audiencia N°98 – 3/8/2017

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23 años ya pasaron del atentado a la AMIA y dos años del inicio de este juicio por encubrimiento que, de a poco, va llegando a su final. Los trece responsables del desvío de la investigación hacia la impunidad están siendo juzgados en el debate oral y público que todos los jueves y algunos lunes al mes se lleva a cabo ante el Tribunal Oral Federal 2.

 

En esta audiencia, otra vez, le tocó al ex juez Juan José Galeano prestar declaración indagatoria. Su relato ocupó toda la jornada. Es la séptima vez que declara en esta etapa de recepción de indagatorias, momento previo a los alegatos finales.

 

Como suele hacer, el imputado leyó su declaración y agregó comentarios en algunos momentos intentando interpelar a los jueces. En dos oportunidades el presidente del tribunal, Jorge Gorini, lo interrumpió.

 

La primera vez, para pedirle que dejara de hacer comentarios inadecuados sobre el abogado que defiende a los ex policías bonaerenses, a quienes Galeano sometió a juicio por el atentado. La segunda, porque el ex magistrado comenzó a leer lo que parecía su alegato, algo que, como venimos marcando desde Memoria Activa hace varias audiencias, no debe hacerse en la indagatoria.

 

Su exposición volvió a ser monótona y rondó principalmente en torno a los cargos que se le imputan. Al comienzo, trató de defenderse del delito de prevaricato, haber hecho una acusación injusta y arbitraria a los entonces imputados policías, tras la declaración previamente arreglada que le brindó Carlos Telleldín por 400.000 dólares.

 

En este punto se refirió directamente a los jueces con frases como: “Los eventuales errores no pueden convertir a los jueces en prevaricadores”; “Señores jueces, yo no prevariqué. No inventé realidades inexistentes”; y “¿Ustedes qué hubieran hecho?”.

 

También repasó cada una de las declaraciones de aquellos que se cree testificaron bajo coacción, y mostró en pantalla la transcripción de llamados telefónicos entre policías y el subcomisario Juan Ribelli. Esas llamadas, sostuvo Galeano, fueron mal interpretadas por el TOF 3 quienes “Hicieron todo lo que se pudo por la impunidad”.

 

En base a esas escuchas telefónicas, Galeano intentó demostrar que Ribelli arreglaba con los otros agentes qué debían declarar una vez detenidos por el caso AMIA. “Esto es guionar las declaraciones”, expresó.

 

En un segundo momento de la exposición, el imputado se refirió a la privación ilegítima de la libertad de los ex agentes de la Policía, otra de las imputaciones en su contra. “Señores jueces, yo estoy acá por trabajar, trabajar y mucho”, dijo tras contar acerca del arresto de los policías, las declaraciones que prestaron en ese momento y sus decisiones respecto a dejar a algunos en libertad cumplidos tres años en prisión.

 

Por último, el ex magistrado hizo referencia al doble carácter de algunos testigos/imputados, a quienes mantenía como testigos en la causa principal AMIA y como acusados en una causa conexa, como era el legajo Brigadas. De esa manera, buscaba presionarlos y obtener datos en declaraciones bajo juramento de decir verdad a pesar del riesgo de autoincriminación en la otra causa. “Las causas conexas tenían objetos procesales bien diferentes”, justificó, y contó que la Cámara Federal le ordenó acumular todos esos legajos, lo que le generó gran dificultad para la organización.

 

Esa resolución se presentó en 1998 tras un pedido de Memoria Activa que denunciaba la falta de acceso a los legajos. En contra de esa denuncia sostenida por todos los familiares y abogados de la organización que pedían revisar el expediente completo, Galeano se defendió: “En realidad nadie venía a ver los legajos”.

 

Por la tarde, antes de concluir, el ya destituido juez leyó el auto de elevación a juicio que redactó en su momento y resaltó que más allá de la necesidad de un juicio oral, “faltaba mucho por investigar”. Eso le dio pie para contar que él continuó ahondando en la pista policial y que encontró nuevos llamados telefónicos entre aparentes colaboradores de Hezbollah en la triple frontera y líneas que parecieran ser de policías bonaerenses. “Es extraño que Stiuso no siguiera esta pista”, concluyó.