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Discurso de Memoria Activa

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Hoy, 18 de julio de 2018, se cumplen 24 años del atentado contra la sede de la AMIA.

En este mismo lugar a esta misma hora hace 24 años  todo era horror, locura, dolor. Un dolor punzante que sigue atravesando esta calle, este cielo, estos nombres detrás de nosotros, aún 24 años después.

Se cumplen también 24 años de lucha para obtener justicia y 24 años de impunidad.

A 24 años del asesinato de nuestros familiares y amigos en la AMIA, Memoria Activa vuelve a decir presente. Como cada año, decimos presente para denunciar la impunidad, esa impunidad que crece y engorda con cada acción e  inacción de los responsables de investigar quién los mató. Y que sigue viva, y se expande, con cada acción e inacción de los que se encargaron del encubrimiento.

Decimos presente para denunciar lo que está pasando. Presente para decir Señores Jueces: exigimos justicia.

Lo que queda claro es lo que venimos denunciando hace 24 años: que nadie investigó nada. ¿Por qué no lo hicieron?, ¿por qué encubrieron?, ¿por qué armaron una causa falsa para no encontrar a los verdaderos culpables? ¿Qué persiguió el gobierno de Menem para dejar el atentado en total impunidad? ¿Por qué la dirigencia comunitaria judía avaló y acompañó el encubrimiento?

A tres años de comenzado, aún sigue en curso el juicio por encubrimiento.

Recordemos quiénes son los imputados: Carlos Menem, ex presidente de la Nación; Hugo Anzorreguy, ex secretario de Inteligencia del Estado; Juan José Galeano, ex juez de la causa; Eamon Mullen y José Barbaccia, ex fiscales del caso; Rubén Beraja, ex presidente de la DAIA; Juan Carlos Anchezar, ex subsecretario de la SIDE; Patricio Finnen, ex agente de la SIDE; Carlos Castañeda y Jorge Fino Palacios, ex comisarios de la Federal; Víctor Stinfale, abogado de Telleldín; Carlos Telleldín, último poseedor de la Trafic y Ana Boragni, pareja de este último.

Todo el accionar delictivo de los imputados se sintetiza principalmente en el pago ilegal con fondos del Estado a un imputado, para que mintiera en su declaración contra culpables falsos, y el desvío de la pista que vinculaba con el atentado a un allegado a la familia Menem. Los 13 imputados participaron de esas operaciones de manera activa y construyeron, con todos los delitos vistos en contexto, “una maniobra global de encubrimiento”.

Recordemos que todo esto se manejó desde lo más alto del poder para cerrar la causa AMIA con culpables falsos. Recordemos que hicieron todo lo que estaba a su alcance para que jamás sepamos quiénes, cómo y por qué volaron la AMIA.

Recordemos que hace un año exactamente denunciamos al poder ejecutivo, que a través del Ministro de Justicia intentaba no sólo cerrar la causa AMIA sino salvar a los imputados, amigos del poder, en el juicio por encubrimiento.

El año pasado el gobierno de Macri ordenó a sus abogados querellantes que dejaran de trabajar para obtener justicia, hecho que fue denunciado ya en marzo de 2017 por la abogada Mariana Stilman, contratada por el Ministerio de Justicia para llevar adelante la querella bajo esta nueva gestión.

Y una vez más otro 18 de julio. Otro aniversario que atraviesa los vericuetos de la justicia, de la política. Esta causa AMIA que no termina de dar cimbronazos.

Hace pocos días  el Procurador Interino de la Nación, Eduardo Casal  firmó una  resolución para crear una nueva fiscalía “antiterrorista”.  Del texto no se desprende cuál sería la relación ni la intervención dentro de la causa AMIA. Lo que sorprende es que paralelamente pareciera que intentan desmembrar  lentamente la Unidad Fiscal AMIA, del mismo modo que ya desarticularon la Unidad de Investigaciones AMIA del Ministerio de Justicia. Y como ya nos tienen acostumbrados se llevan adelante maniobras políticas que nada tienen que ver con la búsqueda de la verdad y justicia.

Y este año de juicio oral dejó al descubierto todo esto, lo peor de los funcionarios políticos, lo peor de quienes debieron investigar esta causa.

Las audiencias del juicio se realizan una o dos veces por semana ahí donde cayó la justicia argentina, en lo más bajo. En la sala AMIA, en el subsuelo. En el menos uno de los tribunales federales de Comodoro Py.

La sala AMIA se divide con un tabique imaginario, del lado izquierdo estamos los querellantes, es decir, los que deberíamos ser los acusadores del proceso. Del otro lado los acusados.

Todo esto separado del público por un blíndex.

Tras dos años de testimonios, llegaron los alegatos. Esa posibilidad que cada parte tiene para presentar sus conclusiones, para reafirmar su pedido de justicia unos, para seguir mintiendo y negándonos la verdad, otros.

Las querellas que no fueron, las querellas que defienden a los acusados. Los tejes y manejes de lo más bajo del encubrimiento, las voces que no serán, las instituciones vacías de ética.

Fue difícil estar ahí sentados, audiencia tras audiencia, intentando escuchar sin enojarse o sin indignarse, fue realmente duro como víctimas estar ahí, como en una realidad paralela, donde se tejían historias y nuevos encubrimientos.

Empezamos el 2018 escuchando lo que debía ser el alegato de la Unidad AMIA del Ministerio de Justicia.

Decimos “debía” porque el Ministro de justicia Germán Garavano dio una muestra clara y contundente de lo que es la impunidad. Garavano ordenó se separe a los abogados que ponían en aprietos a los imputados ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, aparentemente  porque son sus amigos. Por esa razón sólo le quedó la opción de poner al frente de esa querella a los abogados José Console, quien resultó que no estaba habilitado, y Horacio De Filippo que por ahora sólo ha demostrado que de dormirse en las audiencias sabe mucho, quienes pidieron la absolución para los ex fiscales.

Console leyó con gran énfasis sus argumentos para salvar a Mullen y Barbaccia “cumpliendo -dijo- expresas instrucciones de mis mandantes”. Ese tramo del alegato daba a entender que buscaba, más que pedir una absolución, directamente ejercer la defensa de los imputados.

Sobre sus argumentos basta decir que fueron forzados, falaces, completamente arbitrarios y hasta contradictorios con lo expuesto respecto a otros imputados, en los diferentes delitos. Porque pidieron penas para todos los demás, mientras que Mullen y Barbaccia parece que estuvieron siempre de vacaciones mientras los delitos se cometían.

Queremos resaltar la gravedad que conlleva que un Ministro de Justicia  tome una decisión de estas características: un giro de 180 grados respecto de imputados cercanos al poder, pasar de acusarlos a pedir por su inocencia en tiempo record además.

Este nuevo encubrimiento a los encubridores se suma al cúmulo de hechos vergonzosos de calibre institucional que han ocurrido desde el inicio de la causa AMIA y que enturbian más el proceso. Y la preocupación actual respecto a las presiones que estarían recibiendo los jueces del tribunal para absolver a los ex fiscales.

En estos 24 años hemos visto a muchos políticos y funcionarios realizar maniobras turbias en esta causa. Usarla, pisotearla, manipularla, porque jamás pensaron que podrían estar sentados del lado de los imputados en un juicio. Pero queremos decirle al Ministro Garavano, que una de las pocas cosas que aprendimos en estos años es que ni siquiera la impunidad está garantizada.

Otro momento difícil de esta etapa  de juicio fue el turno del alegato de la querella de AMIA – DAIA bajo la supervisión y por primera vez presencia en la sala de sus mandamás, los señores Zbar y Cohen Saban acompañados por el acérrimo defensor de Galeano y actual presidente de la DAIA, Alberto Indij.

Ante el Tribunal Oral Federal 2,  la AMIA y la DAIA comenzaron su relato sin presencia de familiares de las víctimas acompañando la exposición, pero sí con actuales y ex dirigentes comunitarios de afectuoso trato con los imputados.

En su alegato la querella AMIA-DAIA repudió los “esfuerzos del Estado” puestos en investigar el encubrimiento y no en la búsqueda de la conexión internacional y local. “Esta causa provocó que todo el mundo se olvide de lo realmente importante: quiénes son los responsables del atentado”, dijo.

O sea, resulta que los dirigentes de las instituciones centrales de la comunidad judía, las mismas que participaron y avalaron el encubrimiento, viene a dar lecciones de memoria y de justicia. De qué debemos recordar y  qué no.

 

A modo de síntesis: para  la DAIA y la AMIA no existió encubrimiento y todos mienten: las organizaciones de familiares, el TOF 3, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, la Corte Suprema, el Jury de enjuiciamiento que destituyó al ex juez Galeano, los nuevos fiscales que en vez de viajar, trabajan. Todos viven equivocados menos ellos, quienes además consideraron que Rubén Beraja estaba imputado porque hay antisemitismo. Sobra hacer comentarios a este respecto. Siempre infiltrados del lado de los querellantes.

Finalmente, el lunes 12 de  marzo de 2018, a las 10 horas, en el mismo subsuelo de Comodoro Py 2002, ante el Tribunal Oral Federal Nro. 2, dio comienzo el alegato de Memoria Activa, nuestro alegato.

La sala llena. El doctor Jorge Gorini preside la audiencia, a su lado están sentados los jueces Karina Perilli y Néstor Costabel.

La sala se divide con un tabique imaginario, del lado izquierdo estamos los querellantes, es decir, los que deberíamos ser los acusadores del proceso. Del otro lado los acusados.

Detrás del blíndex, el público.

Nos sentamos en la primera fila. Estamos nerviosos. Nada en la causa AMIA ha sido fácil. Tardamos 15 años desde el inicio de esta causa para finalmente llegar a esta instancia; sí, 15 años. Y muchos se deben preguntar: ¿están sentados del otro lado los que pusieron la bomba y volaron la AMIA?: NO. ¿Y entonces? Están los que impidieron que se encontrara a los responsables. Están los encubridores de los asesinos.

La sala se divide con un tabique imaginario, del lado izquierdo estamos nosotros, del otro lado están los imputados.

Se escuchan murmullos, se sienten incomodidades, se cambian de lugar, entran, salen.

“Es obligación del Estado proveer verdad y justicia, y también investigar con seriedad. Y el Estado violó esa obligación causando un daño tan grande, que cabe pensar que es irreparable. Y eso es trágico”. (Textual de nuestro abogado, el doctor Borda, durante la audiencia.)

13 imputados. Nos privaron del derecho de tener verdad y justicia. No fue por ineptitud, como nos quieren hacen creer. No fue por desidia ni por falta de recursos, ni por falta de conocimientos. La participación que tuvieron fue dolosa porque fueron actos deliberados.

 

Nosotros, familiares de las víctimas del terror del 18 de julio de 1994, sentados de este lado. 13 acusados, más sus abogados, todos ellos sentados del otro lado del tabique.

Un tabique difícil de ver pero fácil de percibir. Porque de este lado estamos nosotros y del otro están ellos.

Ellos que fueron unos privilegiados, porque pudieron elegir. Elegir qué querían ser y hacer con sus vidas. Jueces, fiscales, presidentes; todas personas que han elegido una carrera y un futuro para ellos mismos.

No quiero hacer un paralelismo preguntándome qué elección nos llevó a todos los que colmamos esa sala a no pasar por la puerta de Pasteur 633, ese día, hace hoy 24 años. Quiero detenerme en quienes estamos aquí hoy, cargando a nuestras espaldas algo que no elegimos, algo de lo que nunca quisimos ser parte. Las víctimas del atentado y los familiares no elegimos ser parte de esta cara de la vida. De esa expresión horrible que tiene el presente cuando toma una decisión sin consultar.

Y en la sala sí están aquellos que eligieron. Que eligieron encubrir. Que eligieron construir una mentira para tapar la verdad. Eligieron desaparecer pruebas, destruir elementos, inculpar inocentes. Eligieron el camino más fácil porque tenían, desde el poder, garantizada la impunidad, y entonces lograron lo que parecía imposible: dañar lo que ya estaba roto.

Difícilmente este juicio sane las heridas que tenemos en el alma, el cuerpo y la democracia, pero tiene la posibilidad de la reparación. La justicia cuando es justa repara.

Y ellos siguen de aquel lado del tabique y nosotros de éste, y al fondo de la sala, como aquí esta noche,  los amigos, los abrazos, nuestras dibujantes, nuestros compañeros de lucha y por esto también el tabique crece y crece.

 

Y mientras todo esto ocurre y el tabique se hace más y más grande, estamos convencidos de que vale la pena el esfuerzo y el tiempo, y qué bueno sería que tengamos un poco de justicia, y qué bueno sería que estos jueces hagan justicia. Porque de repente, estando ahí en medio de la sala, se me apareció el rostro sonriente de Andrés que me hizo recordar algo que alguien escribió una vez: “El arquitecto Andrés Malamud fue hallado muerto bajo los escombros de la AMIA. Con un lápiz y una libreta entre sus manos, con la imagen de su sonrisa limpia y buenaza seguirá denunciando aquel insulto a la vida”.

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Escribió Gustavo Cerati en la canción “zona de promesas”: “tarda en llegar pero al final hay recompensa”. ¿Ustedes creen? Ahí queremos estar, cuando llegue la recompensa, en la zona de justicia.