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Discurso Eial Moldavsky

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Me vino muy mal este 18, lo tengo que decir. En 5 días rindo un final, en general esta fecha es una fecha complicada, frío, lluvia… Memoria Activa tiene un poco de ese sufrimiento que necesitamos. Yo empecé a ir a Memoria Activa un poco por eso también, sentía que estaba sufriendo poco.
En 5 días rindo un final. Estudio filosofía y la materia se llama Problemas de Gnoseología. Esto lo quiero contar, en primer lugar porque está mi madre hoy acá, para que vea que estoy estudiando. Cuando le contás a alguien que tenés un examen de Gnoseología la cara que recibís es la misma que uno le pone al mecánico cuando te explica la falla de tu auto.
Lo interesante de esta materia es que estudia qué tiene que pasar en nuestras vidas para que la vida cotidiana se suspenda. Es decir, si lo cotidiano es lo que vamos haciendo sin pensar, sin hacernos muchas preguntas… Bueno, en qué momentos uno empieza a preguntarse por uno, por el mundo, por la vida. Lo típico. En qué momento te pega el domingo a la tarde, digamos. Pero como no nos alcanza con que te hagas las preguntas, queremos saber también por qué te las estás haciendo, qué te pasó.
El punto es, hay cosas que pasan en determinados momentos que hacen que, lo que hasta ese instante era cotidiano… pierda sentido. Y es interesante, no? Porque estamos en un momento muy particular del país. Donde, creo, todos nos estamos cuestionando cosas. El debate sobre el aborto y las cuestiones que trajo el feminismo, no solo plantearon derechos relegados, nos hicieron notar que vivíamos equivocados. Y peor aún, muchos de nosotros éramos cómplices de una violencia que, por cotidiana, por no pensarla, no la percibíamos. Es muy loco cómo funcionan los cambios culturales porque convierten lo bueno en malo y la inocencia en complicidad.
Hace algunas semanas me invitaron a participar de la organización del acto de juventud de AMIA que sucedió ayer aquí mismo. Yo dije que participaba en la medida en que habláramos del juicio por Encubrimiento. La decisión fue que no se quería politizar el acto y que ese contenido no podía ser parte y yo decidí dar un paso al costado. Hay complicidades que no son perdonables. A veces nos olvidamos que las víctimas no son víctimas, son personas, son historias. La palabra víctima es deshumanizante. A nadie le duele hablar de víctimas porque es un genérico, por eso es tan importante leer los nombres cada 18. Pero nos olvidamos, como siempre me quedará guardado que dijo Lucía Reisfeld, que el 18 no vale nada porque, para las verdaderas víctimas, todos los días son 18.
Hay complicidades que, de a poco, no se pueden tolerar más. Si mueren chicas, cientos de chicas, en abortos clandestinos y uno opta por ignorar eso a costa de sus creencias, allí hay una complicidad imperdonable. Y si uno está dispuesto a arrogarse el acto de AMIA, el nombre de las víctimas, y no hablar del único juicio activo, real, que está sucediendo hoy en la causa… Esa complicidad yo no la puedo tolerar. Todos queremos saber qué pasó, nadie está contento de estar en una sala juzgando encubridores. Pero esta tragedia no tiene códigos y ha hecho lo más imperdonable que hay: exigirle a los familiares, que también son víctimas, que investiguen si quieren saber qué pasó, que denuncien si quieren novedades; exigirles, incluso, que se peleen con toda la comunidad si hace falta. Y nosotros, que acompañamos a las víctimas, lo único que tenemos que hacer, en medio de todo esto, es justamente eso acompañar y usar los espacios que tenemos. Porque somos privilegiados. Porque podemos elegir ser parte o no de esta causa, de este acto, de este día. El poder elegir es un privilegio, no lo duden. Y los familiares, que también son víctimas, no pudieron elegir. No eligieron ser parte de esta cara de la vida. De esa expresión horrible que tiene el presente cuando toma una decisión sin consultar. Cuando el mundo se te parte en pedazos, el suelo se quiebra y las piernas se aflojan. Nadie, les puedo asegurar que nadie, puede elegir una vida como esta. Nadie elige caminar entre los escombros buscando un familiar y buscándose a uno mismo. Porque allí no solo se destruyó un edificio: se destruyeron vidas, proyectos, vacaciones. Nadie puede elegir marchar, bajo los paraguas, porque otra vez su país lo ha arrojado al vacío del no saber y de la impunidad. Nadie puede elegir ser expulsado de un acto, ser maltratado por miembros de su propia comunidad al punto de ser acusado de traidor. Nadie, y esto en serio nadie, puede elegir pasar sus semanas en la SIDE, leyendo archivos desclasificados porque sus propias instituciones no fueron capaces de hacerlo. Quizás uno de los peores panoramas en ser una víctima es no poder elegir hacer un duelo y seguir adelante, porque el pasado es una sombra que tiñe un presente que no es capaz de responder a la única pregunta que nos hacemos: ¿Qué pasó?
Y, sin embargo, todas las semanas en Comodoro Py, hay una sala llena de personas que eligieron. Eligieron encubrir. Eligieron construir una mentira sobre la verdad. Eligieron desaparecer pruebas, destruir elementos, inculpar inocentes. Eligieron, por segunda vez, que investigar no le correspondía a su gobierno. Ni a los que vinieron luego. Lograron lo que parecía imposible: dañar lo que ya estaba roto.
Pero el juicio no es únicamente un juicio para saber por qué encubrieron, quienes encubrieron y qué fue lo que pasó. Este juicio es la posibilidad que se nos abre de volver a vincularnos con nuestro país. De alejarnos por un momento de esa situación de arrojo y desprotección que se inauguró hace 24 años y que nunca se detuvo. Es nuestra oportunidad de re-descubrir que las instituciones están hechas para velar por la ciudadanía. Y esto, créanme que es real. Que el Presidente sea una expresión de la democracia es la consecuencia de los actos de quien preside. La Justicia es el producto de una toma de decisiones en la situación indicada. Y la Historia, con H mayúscula, ya se hizo presente en otra oportunidad, hace 15 años, cuando el Tribunal Oral Federal 3 dijo que la causa principal AMIA iba a tener que incluir un juicio por encubrimiento, debido a los intereses inescrupulosos de quienes conducían el país. Y hoy la Justicia tienen una nueva oportunidad de decir presente o de mantenerse en silencio, como ha sucedido otras veces. En el juicio por Encubrimiento están el Presidente, el jefe de la Policía, un juez, fiscales, el jefe de inteligencia y un dirigente comunitario. Aquí no se está juzgando un encubrimiento únicamente. Aquí se está juzgando el vínculo que una víctima puede tener con las instituciones del país al que pertenece.
Hemos sido víctimas y víctimas de ser víctimas. Nos han maltratado, expulsado, agredido. Han dicho de todo. Y es tan poco lo que la víctima puede elegir. Y es tanto lo que hemos tenido que atravesar. Aquí hay un daño irreparable del que ya no hay vuelta posible. Y los 24 años que hemos perseguido la verdad, han sido de puro dolor; esto no es la expresión de un ideal, esta es la tristeza en su forma más cruda y solitaria. Tenemos la posibilidad de cerrar un capítulo que nos permita abrir paso al duelo que hace tanto merecemos. Y poder, por fin, llorar a nuestros muertos de la AMIA.