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Audiencia N° 150 – 2/8/2018

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La defensa de los imputados Eamon Mullen y José Barbaccia continuó hoy su alegato final en el juicio en el que están acusados de encubrir el atentado a la AMIA junto a otras once personas entre los que se encuentran el ex juez federal Juan José Galeano y el ex presidente Carlos Menem.

Tras alegar con múltiples agresiones a los familiares de Memoria Activa la audiencia anterior, los abogados de Mullen y Barbaccia se centraron,

en esta jornada, en criticar a los integrantes de la Unidad Fiscal AMIA, su investigación y la acusación elaborada contra los imputados.

En particular, y siguiendo su afirmación de “no contestaremos a la prueba”, el defensor oficial Santiago Marino Aguirre realizó, ya no es novedad, un análisis pobre y sesgado de los hechos de la participación en el delito de peculado que se les imputa a sus defendidos. Es decir, por haber estado involucrados en la operación de pago ilegal de 400 mil dólares de la vieja SIDE al doblador de autos Carlos Telleldín, último tenedor conocido de la camioneta que habría cargado los explosivos. En particular en esta audiencia, se refirió únicamente a los hechos del tramo preparatorio de la operación y en la próxima, el jueves 9 de agosto, anticipó, se centrará en el pago en sí.

El abogado rechazó en primer término que los ex fiscales siquiera supieran acerca del pago ilegal y sostuvo que no hay más que “tergiversaciones de los integrantes de la UFI AMIA”, quienes elaboraron las acusaciones de forma “maliciosa, casi temeraria”.

Además, dijo que “los fiscales de la UFI hicieron lo que denunciaron” porque, según su opinión, acusaron con elementos de prueba que en realidad no existen, como la relación de Mullen y Barbaccia con el ex represor Vergez, quien intervino en la investigación, y un colaborador de la SIDE. “No hay llamados”, afirmó.

Toda su presentación, además, la acompañó de presentaciones editadas de videos y audios que luego citó para sacar de contexto. Demostró, de esta manera, que de manipulación de material audiovisual (y otras tantas cosas más) saben mucho pero de contestar a la prueba con elementos contundentes, como ya se dijo, poco y nada. Nuevamente lo dejan claro: son culpables.