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Audiencia N°169 – 20/12/2018

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La última audiencia del año del juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA se llevó a cabo hoy con las palabras finales de dos imputados por encubrimiento: Rubén Beraja y Ana María Boragni. El resto de los acusados, hablarán cuando el juicio se reanude el 7 de febrero. Tras esta etapa, vendrá la sentencia.

 

En línea con todas sus intervenciones durante este debate oral y público, el ex presidente de la DAIA, una vez más, dio un discurso vergonzoso, sobreabundante de cinismo en el cual se autorepresentó como un luchador por la justicia, una persona “demasiado solidaria” (según su esposa) y una víctima de complots y persecuciones.

 

En contra de lo que habían dispuesto los jueces como regla para las palabras finales según la acordada 1/12 de la Cámara Federal, las cuales debían ser breves y sin lectura, Beraja fue privilegiado con una hora entera de lo que pareció un nuevo alegato que tenía apuntado en una pila de papeles con los que subió al estrado cuando fue llamado por el Tribunal Oral Federal 2.

 

“La tragedia sigue tronando en mi interior como el demoledor estruendo de aquel molesto día”, dijo en lo que pareció un leve desliz o una expresión -por fin- de honestidad.

 

El ex DAIA está imputado por su participación en el pago ilegal de 400 mil dólares a Telleldín sin embargo, sin mencionar el delito, se centró en su “labor” en “representación de las víctimas” (desconocemos quién se le otorgó) y se intentó desligar de las (claras donde se las busque) relaciones cercanas con el entonces gobierno de Carlos Menem.

 

“Nunca tuve nada que ver con la política ni partidos políticos. Fui totalmente ajeno a ese poder”, sostuvo y como prueba de ello agregó que para guardar “distancia”, rechazó la indemnización que el Estado quiso darle a la DAIA por el atentado. Tanto cinismo no le permitió aclarar, aparentemente, qué ocurrió con esa distancia en lo que respecta a lo recibido por el Banco Mayo.

 

Además, explicó que las instituciones comunitarias decidieron en su momento constituirse como querellas por la desconfianza en los funcionarios y con el fin de “ presionar al poder político para que no se padezca la denegación de justicia”.

 

La verdadera víctima

Como desde sus primeras palabras en la causa, Beraja concluyó su participación -por lo menos- con coherencia: situándose en el lugar de la verdadera víctima, quien no sólo sufrió “acusaciones de naturaleza infamante y depredadora” sino que toda su actuación en la causa tuvo como consecuencia una “persistente tortura social”. “Una víctima torturada y luego perseguida por el propio torturador”, expresó.

 

La “situación traumática” producto de un “armado diabólico y perverso” la completó al abrir una “ventana” de su vida privada y el comentario acerca de los sufrimientos de su esposa y madre, quienes temían por su integridad física y le pedían que no sea “tan solidario” y dejara actuar a otros para dejar de ser la cara visible del caso y aparecer en los medios de comunicación.

 

En conclusión, dijo finalmente, “yo estoy acá por la actividad que desarrollé en cumplimiento de mi misión como presidente de DAIA  y pido mi absolución”.

 

Las palabras de Boragni

La entonces pareja de Carlos Telleldín, imputada por haber participado del cobro del soborno del Estado, abrió la jornada con una breve exposición en la que le pidió al tribunal la comprenda y no la condene.

 

En primer lugar, volvió a denunciar que fue violada en la sede policial del Departamento de Protección al Orden Constitucional (POC) y su hija abusada por efectivos que se encontraban en su casa. Dijo que la obligaron a mentir, que Galeano la presionaba y que “sí, yo era la putita de mil dólares la noche. Lo hice para mantener a mis hijos porque el Estado me sacó todo”.

 

También, recordó haber escuchado reiteradas veces por parte de la colectividad judía comentarios sobre la funcionalidad de Telleldín: “Yo los escuchaba decir que Telleldín era sólo un ladroncito de autos. ‘Nos sirve para tener la causa viva’, decían permanentemente”.

 

A su vez, sostuvo que al ser citada como imputada en la causa encubrimiento, pensaba que “la Justicia era un chamullo” en base a su experiencia en el caso AMIA.

 

“Los funcionarios eran universitarios, los que tenían poder. Yo no terminé la secundaria. Se suponía que el juez me tenía que proteger y no llamarme para pedirme ‘contené a este hombre que si no, se desmorona todo”, sostuvo en referencia al ex juez Galeano.

 

Y para finalizar, admitió: “Sí, cobré los 400 mil dólares. Era eso o la unidad 20. No tenía alternativa. Con Menem no se jodía. Todo venía de Menem, de Corach y dentro del estudio de Galeano. Con el turco no se jodía. Era la orden de él”.